“Al pan, pan y al vino vino”.-“Con pan y vino se anda el camino”.
Son tantos y tantos los dichos, momentos y ocasiones, donde el “Pan” es protagonista, que por fuerza tenemos que aceptar que ni en el día de hoy, existe alimento para comparar.
El pan es universal, aunque por desgracia no llegue a todo estómago hambriento;
El pan sigue siendo pan, aunque en su elaboración se adaptaran algunas comodidades de las nuevas tecnologías. Pero, no nos engañemos: pan, pan era el de ayer, el de nuestras abuelas; porque todos sabemos que lo verdaderamente importante, no cambia mucho con el paso del tiempo, ni con las modas tampoco. Porque algo perfecto, ¿Para qué tocarlo, y mucho menos para que modificarlo?, simplemente conservarlo, disfrutarlo y compartirlo. Y en esta situación, está el pan más rico del mundo. El Pan gallego.
No es mi intención, menospreciar el de ninguna parte. Cualquier pan es digno de los mayores elogios, pero no sería sincera si os dijese que todo sabe igual; eso lo sabemos todos; aunque “para gustos, están los sabores”. Yo solo quisiera que lo probarais; luego, estaréis en condiciones de elegir, haciendo uso de vuestra libertad...
Os contaré simplemente, el ritual de una hornada, en una casa de labradores hace no más de 90 años…
Era invierno, y muy crudo por cierto, no como los de hoy; llovía durante todo el mes, y el pan no duraba tanto; era necesario “cocer”, y mientras se esperaba por un buen día para poder ir a buscar leña al monte, (porque era necesario un buen carro para calentar los grandes hornos de piedra), tenían que saciar el hambre a una casa de familia llena de niños y ancianos (los padres de familia, emigraban para intentar ganar unas pesetas, lo que por desgracia en su querida tierra no les era posible), y la mujer de Galicia que tuvo que hacer siempre varios papeles; ella , adelantándose a los tiempos de la “igualdad”, ya tenía el privilegio de trabajar fuera , pero también en casa; hacía el papel de madre, de padre, jornalera de su hacienda, ama de casa……para qué seguir, no llegaría el disco duro del ordenador; solo decir, que si alguien merece “la medalla al trabajo”, esa es la madre gallega. Pero hablaremos otro día
Hoy toca “pan”.
Obligados por el mal tiempo y el hambre, la mujer amasaba un “bolo” (le llamaban) y después de un buen fuego por la noche, hacían un agujero en la brasas y envuelta la masa en unas hojas de col, la tapaban bien, dejándola toda la noche a cocer. Por la mañana, el pan llenaba los estómagos hambrientos, con un poco de leche recién ordeñada, y aunque no estaba muy sabroso, era el menú obligatorio, no había otra opción.


