Así es; la “artesa” que naturalmente no llegaba para todos, también hacía las veces de mesa, aunque la malloría de la familia, se sentaba en torno al fuego de la lareira y era el regazo, desde el más chico al más viejo, el que servía de mesa .
Después de tanto trabajo, ¿Cómo no va a estar riquísimo el pan?.
Bendito alimento, que sin distinciones,
sacia los estómagos más exigentes.
Conocido y saboreado desde hace tiempo,
no pasa de moda,
a pesar de los esfuerzos de miles de dietas,
que como todo en la vida también se equivocan.
Pórque fíjense ustedes en la contradición:
miles de euros en publicidad,
para decirnos lo sano, que es comer cereal,
y marcas y marcas con cajas distintas,
para convencernos de que es natural.
Variada es la oferta que nos hace dudar,
Porque, entre chocolate, de frutos e integral,
digan ustedes cual van a llevar.
Seamos conscientes, pensemos un poco,
Si nuestros mayores a 100 años llegan,
No es por comer lo que ahora se lleva;
Sinó, por tener siempre pan en la “artesa”


