
Un castillo es para reyes y un hórreo....... para...
“mazorcas”
¿Que menos se merece el rey de granos y cereales?
El hórreo, silo de lujo; hotel de 5 estrellas, donde pasarán unas largas vacaciones, desde octubre (que se recoge) al mes de agosto (que según esté la luna, se desgranará), las hermosas mazorcas de maíz. Este fruto, que tras su siembra ha embellecido grandes extensiones de tierra, con sus esbeltas y elegantes plantas de color verde, luciendo con orgullo las sedosas barbas en la plenitud de su juventud, para en cuestión de días florecer con el “pendón”, (palabra elogiosa si del maíz estamos hablando; piropo de mal gusto si en la calle nos lo llaman, aunque siempre hay inteligentes que lo cambian por “ flor de maíz”, y “ pendón ” te están llamando). De ahí a la madurez todo viene con rapidez, y el color verde intenso que desde mayo presumía, va con el calor de agosto y septiembre cambiando día a día hasta el tono tostado como moreno de verano, y asomando entre las capas que como enaguas se superponen, la hermosa y joven mazorca, anunciando sin disimulo que su puesta a punta se aproxima, que preparen los bártulos para la recogida.
En cuestión de poco tiempo, es segado, colocado y transportado a los pajares cubiertos, (si los hay, o en grandes “moricos” (amontonado en forma de tienda de campaña), donde ordenadamente se irá colocando de forma vertical, respetando su altura y también por comodidad.
Es grande el regocijo cuando todo está al abrigo, y ya pueden hacerle “el ramo” a tan hermosa cosecha - celebración con “tostadas y chulas” – (otro día compartiré la sencilla “receta , aunque sin el adorno del “trabajo”, ya no es como “ese ramo” ni tampoco saben lo mismo, pero podemos intentarlo ).
No amigos, aún no llegamos al “hórreo”, aún falta acicalarse para hacer su “entrada en el Palacio”.
Ahora queda la labor de desnudar las espigas una a una, sacándole las numerosas enaguas que durante su niñez las cobijaron de las inclemencias del tiempo. Este trabajo “esfolla” (deshojar la mazorca), normalmente se hacía después de terminar las labores cotidianas, por la noche; sumándose los vecinos que rematado el suyo, aparecían espontáneamente en el pajar, y ayudaban sin invitación, (era lo normal, “igualito que hoy, ¿verdad?”). En el campo no se conocía la expresión de “horario laboral ”, no era el reloj el que marcaba el tiempo, sino el sol y la luz del día. Y entre historias, cuentos y cotilleos, el maíz era transportado en cestos de mimbre al hogar definitivo que las albergará hasta su desgrane y molienda.
En el hórreo eran colocadas con maestría, y seguían luciendo con todo su esplendor cuando con buen tiempo las puertas le abrían.

Con la ayuda de tablas transversales se dividían en sectores, formando tabiques efímeros y discontinuos para permitir el paso del aire. Las tablas separadas por intervalos en los que las mazorcas se colocan paralelamente y con la parte más estrecha hacia adentro; todo “un saber hacer”, obra de los mayores (normalmente mujeres), que pasaban horas colocando con suma delicadeza las numerosas espigas que con tanto trabajo habían cuidado desde su nacimiento.
El alojamiento era y aún es de lujo a pesar de los años.
De hecho, la primera representación gráfica de un hórreo en Galicia, nos remonta hasta el siglo XIII, en las Cantigas de Santa María, atribuidas a Alfonso X el Sabio, por lo que se presume que en Galicia su uso es muy anterior al inicio del cultivo del maíz, probablemente ligado al cultivo del mijo o maíz menudo , que ya se practicaba en la cultura de los castros, cultivo que perduró durante la Edad Media y que fue posteriormente sustituido por el maíz a partir de su llegada a Europa en el siglo XVII.
Así tenemos el hórreo más largo de Galicia, el de Araño (Rianxo) con
¡AY!,
¡el hórreo!, otra hermosura más de la bella Galicia y nuestros antepasados, que sigue perdurando a pesar de los años, porque los tesoros que se precien no se gastan ni desaparecen, no se cuentan por monedas, ni son como las “preferentes”.
Alguno de los hórreos gallegos tienen la consideración de Monumento histórico-artístico, como el de la rectoral de Santa Comba de Carnota, construido en 1768, o la agrupación de hórreos de Combarro; aunque para nosotros, los gallegos, cualquiera de los que aún existen, tienen la consideración de “herencia privilegiada”, que ojalá consigamos entre otras, dejar a nuestros descendientes, y el día de mañana igual que nosotros hoy, puedan decir al mundo: “esta es



